Fueron muchos años de estar juntos.
Vivimos inunmerables momentos, y ellos también fuero parte de esos instantes maravillosos.
Me refiero a alguno de nuestros familiares, que se hicieron querer por nuestros compañeros y amigos, que compartieron con nosotros miles y miles de risas y anécdotas. Ellos también, nos aportaron con todo su cariño horas interminables de cosas lindas.
ALGUNOS DE ELLOS
Personalmente, para mi, la madre de Sergio fue muy importante en muchos aspectos de mi vida. Sus consejos y palabras de bien, que recuerdo y tengo como máximas hasta el día de hoy, fueron haciendo en mi ejemplos de vida que me es imposible olvidar.
Después de su tempranísima desaparición, no pude volver a entrar en aquella casa familiar, sino hasta después de muchos años. Era la madre de mi amigo y mi amiga y consejera la que ya no estaba.
Puedo recordar también con muchísimo cariño a la Abuela del Malo.
Para todos los que frecuentabamos la casa de la calle 24 de Octubre, en Ituzaingó, casi frente a la vieja Mansión Seré (hoy Gorki Granna), nos era fundamental casi, charlar aunque más no fuera dos palabras con ella. Sus recuerdos de juventud, su memorio prodigiosa nos asombraba día a día y no intercambiar ideas, comentarios o simplemente escuchar todas las cosas que recordaba era imposible.
No está presente ahora, pero está con nosotros, desde siempre.
El Padre del Malo: un ser querido entrañablemente. Tuvo para nosotros todo el tiempo y toda la paciencia del mundo. Aportó a nuestro erario de recuerdos, miles y miles de historias graciosas.
Un gaucho extraviado en la ciudad.
El padre de Mercedes Bott, un hombre de un corazón del tamaño del sol. Un amigo para mí, y para muchos de nosotros, a los que recibió por igual, y con el mayor de los respetos.
Su casa fue el punto de encuentro en donde se forjó aún más la unión del grupo de chicos de "la secundaria" que ibamos a tomar mate, o a alguna cena o asado que solía hacer Don Oscar.
La casa de La Tablada, fue también otro punto de encuentro en donde hallamos a dos personas de una calidez interior y una intelectualidad inigualable: La Mamá y el Papá de Pablo Crimi.
Con el padre, tuvimos las primeras charlas sobre política... con la Mami, degustamos licores hechos a mano por ella (como el de yerba mate) y nos matábamos de risa a más no poder.
Los padres de Mariel Martínez, en su casa de la calle Cerrito, en Villa León, Ituzaingó fue para mi otro lugar de plenitud espiritual. Una casa humilde adornada en todo su alrrededor de enormes eucaliptos y un amor inmenso que todo lo abarcaba y que me recibieron siempre como a un hijo.
Los padres y en especial, la Madre de Marcelo Carrizo. Otro punto de encuentro en donde encontramos un buen refugio para nuestros inquietos ímpetus adolescentes.
Mis padres, en particular mi Madre quienes recibieron a todos con enorme cariño. A Sergio a quien querían muy especialmente, a Horacio Melgarejo a quien valoraban y apreciaban muchísimo, a mi querida amiga Mariel, en fin a todos...
No quiero olvidarme de nadie, y en este último día del año 2008, a todos ellos este pequeñísimo homenaje, porque fueron parte de nuestras vidas, de nuestra historia y de nuestra felicidad.
A todos MIL GRACIAS POR SER PARTE DEL GRUPO Y POR TODO EL AMOR QUE NOS DIERON SIEMPRE !
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