Así fue, una época plena de felicidad... no había nada en el mundo que hiciera que faltara ni un sólo día al colegio, era de vital importancia ir a clases... a ver a mis compañeros, claro !
Estuvimos juntos, nos reimos, bailamos, estudiamos, comocimos compañeros entrañablemente buenos, a los que sentíamos nuestros desde el alma, todo nos pertenecía:
Castelar toda, era el patio del José Hernández, la casa de Mercedes, el punto de reunión más cálido que supimos encontrar, todo era de nosotros, y nosotros nos sentíamos parte de todo, de las calles, la estación y de cada vereda del barrio que circundaba al colegio
No recuerdo otro momento en mi vida, que haya estado tan colmado de seres tan buenos y de un grupo tan unido y sensible a la amistad, como el que se generó en ese colegio, en esas aulas y con esas maravillosas personas, durante todo el tiempo que fuimos al colegio, y fuera del colegio también.
Recuerdo que nos encontrabamos todos los días para hacer algo, cualquier motivo era suficiente para ir al encuentro de nuestos amigos, en la casa de alguno, o en Castelar o en la puerta del colegio... pasábamos mucho más tiempo juntos que en nuestras casas. Fue realmente maravilloso, y a lo largo de este espacio, voy a ir contando todas las anécdotas que he podido atesorar en mi memoria, en mis apuntes que aún tengo y en cientos y cientos de relatos de aquellos chicos de ayer,que aún sigo viendo hoy.
martes, 26 de agosto de 2008
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