
También vino ella.
Debo ser muy sincero, la encontré de casualidad... aunque creo más en las "causalidades" que en otra cosa. Hace casi un mes, volviendo a casa me cruzo con uno de los hermanos varones de Luisa, al que paro y le cuento todo lo referente a la reunión, entonces le pido el número de teléfono de su hermana, pero él no se lo acordaba, entonces le di el mío y le pedí muy especialmente que se lo diera, porque era muy importante para nosotros contar con la presencia de ella, y volver a verla después de tanto tiempo de ausencia.
Tardó en llamarme, pero lo hizo justo una semana antes del 5to. encuentro, el del brindis de fin de año. A nadie le dije nada. Y sólo se enteraron cuando llegó a la casa de Alberto Malalán, y nadie lo podía creer, era ella, la que se ponía nerviosa y no podía dar la lección si la llamaban para pasar al frente, la única, la inconfundible Luisa Picaso. Una gran compañera, de un corazón enorme.

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