
Los exámenes de diciembre, piadosamente nos engañaron, nos hicieron creer que aún seguíamos en el cole, que eramos parte de aquella maravillosa historia de cinco años y de miles y miles de capítulos.
El primer examen, duró poquísimo. Recuerdo que fue el de Anatomía. Los profesores estaban re cansados, y lo primero que hicieron fue darnos dinero para ir a comprar facturas, a ellos les sirvieron un té, y entre factua y factura fue pasando el durísimo examen... todos aprobamos...nadie se quería ir.
Vinieron otros exámenes, no todos con la misma suerte, pero siempre con las mismas expectativas: nos podíamos sentar en los mismos pupitres (que palabra antigua, no?)ver las mismas paredes, seguir estando un tiempito más...
Algunos que no tenían materias para rendir, con el pretexto de ir a ver a los que sí teníamos que dar los exámenes, también fueron al colegio, unos entraron otros se quedaron en la puerta esperando la salida de los que rendían...
En marzo, fue todo distinto, muy pocos rindiendo, nadie en la puerta a la espera de nuestros resultados y la terrible impresión que ya todo había culminado, definitivamente.

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