
Estuvimos juntos durante cinco años. Este corto tiempo, fue suficiente para afianzar una relación que duró más de 30 años...
Cuando nos conocimos, eramos adolescentes y crecimos juntos entre risas, bromas los profesores, el colegio, la junventud de nuestros padres, los días de sol de los años 70 y miles de juegos que nos dejaron ciertas enseñanzas que aún hoy llevamos como guía de vida.
El sábado 30 de mayo del corriente año, intentamos reunirnos para un reencuentro esperado. Logramos convocar a la mayoría, y nos confundimos entre abrazos y muy cálidos saludos. Nos vimos con los que no tuvimos contacto en más de 30 años, o con otros que no veíamos desde hace 15 o veinte años. Algunos viajaron cientes de kilómetros, y otros miles, para estar en esa reunión. Y todo para reirnos otra vez, y recoerdar cómo lo hacímos en clase...
Charlamos y recordamos viejos tiempos en los que todo nos era nuevo, y maravilloso. Brindamos por el reencuentro tan esperado, cantamos y nos reímos como antes. En algún momento, nos pareció que habíamos regresado, que ya no era un encuentro sino un momento único, tan único como los que pasamos en la secundaria.
En la secundaria, hacíamos chistes, estudiámbamos, nos reíamos, estábamos todo el tiempo a la espectativa del grupo y todo lo que hacíamos nos indicaba lo que significaba cada una de nuestras acciones. Lo gracioso que era el que hacía el chiste, lo bueno que era quien nos abrazaba mientras nos decía lo bueno que era estar juntos, lo inteligete que era quien tenía buenas notas sin la nececidad de estudiar... todas las cosas que hacíamos hablaban de nosotros.
El 30 de mayo, en la casa de Mercedes, cuando íbamos llegando de a uno, y nos abrazamos como en los años 70, la manera en que disfrutamos ese breve momento, todo, absolutamente todo, también habló sobre nosotros. Los afectos no se pierden cuando provienen del corazón y sentirse completo con la presencia del otro... somos lo que decimos, lo que hacemos, lo que expresamos y lo que sentimos.
Todos los instantes que vivimos juntos, y los recuerdos que tenemos de aquella época nos produjeron una sensación de bienestar indescriptible. Hicimos crecer una plantita, a la que regamos y atendimos durante muchos años, la vimos crecer y dar sus frutos.
Unos frutos, muy dulces.
FOTO: Oscar Miñarro, a punto de brindar en la casa de Mercedes Bott, el sábado 30 de mayo.

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