
Cuando me tocó votar por primera vez, lo hice en 1983. Me comprometí (por primera vez) en 1985, y recuerdo muy bien que mi padrino "Coco" falleció en el año 1991.
De grande, digamos, comencé a medir el tiempo de una manera completamente distinta a cómo lo hacía en mi infancia y en mi adolescencia. Esto, creo yo, nos pasó y nos pasa a todos...
Recuerdo cuando venían las fiestas, y todo era alegría, los regalos en el arbolito, y luego los cohetes. Era toda una fiesta. Hacía calor y cuando la temperatura comenzaba a bajar, yo sabía que tenía que ir preparándome para ir al colegio. Cuando el frío arreciaba, se venían la vaciones de invierno, aunque para mi sólo eran días sin ir al colegio.
El miedo que me dio el último día de clases en la escuela 17, porque en pocos meses más, comenzaba el colegio secundario con doce materias! Cómo haría para estudiar tanto, si ya se me complicaba mucho el hecho de tener cuatro?
En invierno vino la primer prueba escrita, estaba en primer año, y Antonelli me decía: es fácil, lo único que tenés que hacer es leer la historia como si fuera un cuento, si lo hacés así, se te va a hacer más llevadero memorizar nombres y fechas... a mitad de la secundaria Aníbal se alejaba del colegio, y en el invierno en que él se iba, se hizo el primer baile para juntar fondos para irnos de viaje de egresados, lo hicimos en la casa de Verónica Melgar, y antes de finalizar la clases nos fuimos a Palermo a festejar el día de la primavera, lo recuerdo muy bien.
Así, de esta manera, ibamos contabilizando el tiempo transcurrido. Los acontecimientos que nos iban ocurriendo, nos marcaban los momentos que vivimos, y los que estábamos por vivenciar.
Claro, eran otros tiempos... no trabajámos, y la única vez que nececitábamos saber la hora exácta era al al salir de casa, para llegar bien a clases. No más que eso, porque al salir sonaba un timbre.
Vivíamos los días al compás de los acontecimientos, por jornadas y por las cosas que deberíamos hacer al otro día, o el fin de semana.
Nuuestra infancia, e inclusve nuestra adolescencia, la medíamos de este modo. La vivimos de este modo.
Hoy, con 48 años, además de tener un reloj de pulsera muy "modernoso" que me birnda la hora, los minutos y los segundos, inclusive en mi celular tengo un reloj digital... hoy mido el tiempo por los días, las horas y los minutos que pasaron.
Lo veo todo de otro manera. Antes me sobraba el tiempo que no medía, y lo cierto es que hoy, me doy cuenta de que me va a faltar tiempo, al que mido hasta los segundos.
Por todas estas cosas, me parece, que extraño lo de antes. Nada nuevo, pero quería decirlo.
FOTO: Cumleaños de Claudia Sáenz en 1977.

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