Marzo de 1979... no fue otro marzo más, sino que, fue la última vez que entraría al colegio como alumno, con mi uniforme, y por primera vez, con miedo.Para ese mes, de aquel año 79, tuve que ir a rendir las dos últimas materias que me habían quedado previas, Geografía y Matemática... por supuesto, "la cordobesa" sería la presidenta de mesa... todo una garantía... y Dios, junto a todo el universo entero, estuvieron a mi favor, porque pude rendir bien ambas materias. Me despedí de los pocos compañeros y otros alumnos que habían ido a rendir, y volví a casa sin haber arreglado encontrarme con alguien, sin promesas de juntarnos en la casa de alguien, simplemente salí por la puerta principal, a principios de marzo de 1979.
Pocos días después, iba a trabajar a la mañana temprano y pasé por la puerta del colegio como tantas otras veces durante los cinco años de la secundaria, y ya desde una cuadra antes divisé a las chicas con sus guardapolvos blancos y los pibes con el blazer azul, y entre ellos ninguno de nosotros. La enorme melena anaranjada de "La Basa" que se veía desde dos cuadras no aparecía, ni el grupito que se juntaba en la estación de Castelar para ir juntos al cole...
Cuando pasé justo por la puerta del cole, Magdalena, estaba haciendo entrar a los pibes que iban llegando, y al verme me saludó displicentemente con un chau chau moviendo la manito a manera de despedida, mientras se daba vuelta para irse hacia dentro.
Tristeza es poco, algo de angustia, y mucha pero mucha bronca. Yo debía seguir mi camino, mientras que todos ellos entrarían al lugar en donde viví una parte importantísima de mi vida.
Pasaron algunos años, hasta que pude volver a pasar por la puerta del José Hernández, nunca más como antes, nunca.
