En diciembre aún quedaban muchas esperanzas de seguir viendo a todos, o a la mayoría, de mis compañeros. Eran fechas de exámenes y muchos nos encontraríamos dando el mismo rutinario examen, otros nos encontraríamos en el patio y algunos irían al colegio a vernos y a esperar los buenos resultados de los mismos. Obviamente, todo era una excusa para seguir con algo que ya era historia, que ya había pasado y que para bien, nos marcaría en nuestra vida. Aunque en aquellos momentos no lo sabíamos, los cinco años de la secundaria serían inolvidables, incluso, hasta nuestros días. Nuestros reencuentros son una prueba bien tangible de eso.
Pero luego de los exámenes de diciembre, sólo quedaba marzo... y para aquella fecha, ya las aulas, y el patio, las escalinatas de la entrada, todo estaría allí de nuevo pero, sin nosotros...
Todo el porvenir allí adelante, toda una vida por hacer, y una vida, una etapa increíble de la vida ya quedaba atrás.
En el fondo, muy allá atrás, mantuve la esperanza de volver a estar juntos todos como lo veníamos haciendo hasta hace cinco años, y a la vez, una incertidumbre con mil incógnitas ponían cierta tristeza en mí: y ahora, qué sigue? cómo será mi vida de ahora en más, sin mis compañeros, sin el colegio, sin ellos?
Nunca, jamás pensé en que pasarían tantos años sin que nos volviéramos a encontrar, pero pasaron. La vida de "adulto" nos fue metiendo de a poco en su vértigo y tuvieron que pasar diez años, hasta que se pudo hacer una reunión a la que asistieron muchos (Sergio el organizador)
Cada uno de nosotros fuimos armando, y desarmando, la vida. Más de veinte años, tuvieron que pasar para que nos volvieramos a encontrar, en algunos casos, más de treinta años.
Cincuenta primaveras, miles de anécdotas maravillosas para compartir y reuniones con los pibes de ayer.
FOTO: Marzo de 1978

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