Pero los estudios, el trabajo, cambios de domicilio, y la cosas raras de la vida, los fueron alejando. En algunos casos, se perdieron por completo. Ni sabían dónde estaban, y menos aún, qué era de su destino.
Pero, como Dios es Grande, algo pasó y se produjo un hermosísimo encuentro. Marcelo Carrizo, vino desde Caleta Olivia, Santa Cruz. Antonelli, trajo su violín y Martita, como siempre, aportó su enorme alegría a un encuentro que técnicamente era "imposible", y que fue tan real y palpable como el asado que degustaron, o el vinito que supieron aprovechar (no sólo estos tres amigos, sino algunos muchos más...)
Una abogada, un profesor de música y un violinista, son una combinación difícil de encontrar, pero cuando hay una enorme amistad de pormedio, todo es posible.
FOTO: El Carro, El Antoneo, La Luja


1 comentario:
En los mails y en este blog está apareciendo más vino del que en realidad nos tomamos!!!!
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