Tuvimos que esperar algunos añitos, digamos 30... para poder volver a verlos juntos.Volver a ver inclusive el libro de actas que Pablo tiene en la mano, es que alguien (jamás diré quién fue, el que con una negra mano lo tomó prestado aquel 30 de noviembre de 1978, y menos que vive en Bariloche!) al que hoy podemos hojear y ver las firmas de José María Seoane, o la de la querida cordobesa (siempre tan didactica ella) y si bien Pablito usa lentes, Viviana dejó los rulitos por la planchita, Daniel dejó la cara limpia por el bigote, Omarcito dejó atrás el pelo cortito por la melena, Alberto el castaño claro por el gris claro, y Gabriel el castaño oscuro por el color bocha.
Pero ahí están todos, o mejor dicho, allí estamos todos nuevamente juntos, nuevamente disfrtutando de miles de recuerdos y generando otros, casi iguales... me parece que seguimos en la secundaria, cuando nos juntamos.

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