Nos criamos en una época , creo yo, más amigable. Tal vez, algo más rústica, pero cuando toda la ciudad de Castelar era el patio de tu casa, y los compañeros del cole te generaban profundos sentimientos de amistad, cuando todas las cosas simples eran para vos maravillosas, estabas entonces viviendo la vida.
Recuerdo con mucha claridad, lo asombrados que estábamos al encontrar distintos olores a los libros de texto, o cuando tomábamos una Coca o comíamos un alfajor, era algo especial, lo disfrutábamos desde el principio hasta el fin... algunos dirán que eramos algo tontos, sinembargo me parece que en realidad éramos sanamente inocentes. En todo se notaba esta bondad. Desde el trato que nos dábamos y que dábamos a los demás, pasando por la forma de hablar, la mirada, en fin todo.
Algunos de nosotros, básicamente, no cambiamos, mejoramos y hasta acentuamos nuestra tontera... pero seguimos creyendo que el aroma del lápiz cuando le sacás la punta es especial, y que cuando saboreás un dulce lugo de desembolverle el papel es una ceremonia memorablemente disfrutable y que los cielos más lindos y luminosos de la vida son los que se acurrucan en Castelar...
Bueno, así éramos en los años 70, y así se nos podrá reconocer en estos años.
Foto: Sergio Sueiro, comiendo un Fantoche doble, un clásico de la época, con envoltura de papel de aluminio que servia para poder comerlo sin ensuciarte.

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